El besho de murciédago, la relación incendiada y lo que Cathy no puede olvidar

—¡Kelsey! —exclamó—. ¿Tu papá no decía que debajo del muédago tocaba besho de murciédago?
Ella no pudo reprochar nada, porque las manos de James atraparon su cuerpo. Se inclinó sobre Kelsey, todavía con aquella sonrisita tonta en los labios, y la besó. Kelsey dejó de respirar y creyó que la habitación comenzaba a girar bajo sus pies.
No pudo moverse. No pudo dar un paso atrás. Tuvo que admitir que James besaba de un modo francamente extraordinario. Él se separó un poco, mientras ella se había convertido en una estatua, y la miró feliz, dándole un último beso en la comisura de los labios.
— Besos de murciélago, Silvia Hervás

Mi madre me había dicho una vez, cuando era pequeña y tenía una amistad desmoronándose, que algunas relaciones sólo terminaban. Como una estrella, queman, brillosas y brillantes, y luego nada en particular va mal, solo que llegan a su fin. Se queman.
— Losing it, Cora Carmack

Veo la expresión de tu cara. Y puedo leer tus pensamientos. Te diré mi secreto para encontrar la paz. Quise decírtelo antes, pero te negaste a escucharme. Ahora, ¡tienes que escuchar y creer! Haz como yo, oblígate a olvidar todo lo que te produce dolor y recuerda únicamente lo que te causa alegría. Es el único secreto para una vida feliz, Cathy. Olvidar y perdonar.
Pétalos al Viento (saga Dollanganger #2), V. C. Andrews

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No seas tímida, alma cósmica.